I. P. L.
Sometieron al fuego, lo aplicaron a los alimentos y encontraron el arte que permanece encerrado en todo ese proceso. Y además lo acompañaron de vinos sabiamente elegidos y bien conservados. Una bodega con decenas de miles de botellas y cinco altares que rendían culto a Borgoña, Riesling, Champagne, Priorat y Jerez.
Llegar hasta allí, hasta El Celler de Can Roca, sus tres estrellas Michelin y su elección como mejor restaurante del mundo, no fue fácil. Muy lejos quedaba aquella primera estrella en un local y con unos platos que ahora consideraríamos sencillos. También, la creciente presencia en congresos gastronómicos de Joan y en catas y clases magistrales de Josep así como las aportaciones a la cocina dulce de Jordi.
Hoy el fuego se ha sublevado para recordarnos que esa silenciosa amenaza está siempre presente. Sus llamas han golpeado a lo mejor y, probablemente, más querido del mundo gastronómico. De Mas Marroch, el espacio para celebraciones de la familia Roca, quedan ya solo cenizas. Un solar ennegrecido sobre el que tomar impulso -con la ayuda de cuantos les aprecian- para levantarlo y levantarse de nuevo.
Foto: Instagram Josep (Pitu) Roca
