El paseo por la colección de los vinos españoles más puntuados por este master of wine permitía comprobar la constante -y favorable- evolución de muchas bodegas. El salto de añada en Vivaltus (grupo Yllera con el asesoramiento de Jean Claude Berrouet) ofrecía un llamativo 2021, con la misma finura y más carácter, que confirmaba la madurez del proyecto. Dos impresionantes tintos, Remírez de Ganuza Reserva 2018 y UV 2024, desvelaban que esa bodega consolida las bondades de su estilo sin cambios apreciables. El Cerrado 2019, de Castillo de Cuzcurrita, con mucha calidad también, se sitúa entre las marcas que no han dejado de crecer.
Félix Callejo 2022, de la bodega del mismo nombre, añadía amable suavidad a la fuerza de la DO Ribera del Duero. La misma firma ofrece en Parajes 2023 (tempranillo con algo de garnacha y albillo mayor) una versión más fluida, aromática y delicada de esa tierra. Cara Norte 2022, de Bodegas Montebaco, resulta ahora más serio y más firme sin abandonar el frescor que caracteriza a la orientación de esa ladera.
También los blancos elevan su altura. Flor de Muga Blanco Reserva 2022 es más que nunca un vino de guarda con largo recorrido. Difícil elegir entre el poder de una viura, Capellanía 2020, y la sutil pero enérgica presencia de dos albariños: Pazo Barrantes 2022 y La Comtesse 2020. Puede que la enorme distinción de este último atrape con más fijeza las miradas dirigidas a estas tres creaciones del grupo Murrieta. Y para quienes todavía no se hayan dejado seducir por el txakoli, la tentación se llama Astobiza y su forma de templar el tiempo y de criar a Malkoa Blanco 2018 y Malkoa Rosé 2024.
