DO Méntrida: innovación, tradición y el frescor de las garnachas viejas

IGNACIO PÉREZ LORENZ

Frescos, frutales, en ocasiones minerales y con demasiada frecuencia desconocidos. Así son los vinos de una denominación de origen con medio siglo a sus espaldas, Méntrida, que toma impulso para mostrar lo que ha logrado ya y lo que está en condiciones de conseguir. Cuenta para ello con viejas cepas de garnacha, algunas centenarias, que comparten suelos arenosos de origen granítico y un clima bonancible protegido por la sierra de Gredos. Y también, con un puñado de elaboradores inquietos dispuestos a cruzar las líneas que les separen de esplendores futuros sin olvidar su pasado. 

Son impresiones de una cata de diez vinos -entre paredes conventuales reconvertidas en uno de los centros culturales de Toledo- que resumían el presente de esa denominación de origen. Pequeñas producciones y constantes llamadas de atención realizadas, entre otros, por La Suerte Albillo Real 2023 (Arrayán). Un blanco estilizado, largo y con buena acidez revestido con recuerdos a manzana y suaves amargos.

A ese gratificante comienzo le siguieron otras sorpresas como un tinto de llamativa relación calidad-precio. Seis euros es lo que cuesta Condes de Fuensalida 100 años 2022 a la venta únicamente en la tienda de la cooperativa de Fuensalida. Tiene el envidiable frescor que le otorgan sus garnachas centenarias y la pureza de una expresión apenas matizada por los pocos meses que ha permanecido en barrica. Dos de las claves que obligan a seguir cuidando una viña que parece nacida para rozar el cielo. 

Un poco más jóvenes, solo 96 años, son las garnachas que dan origen a La Viña Escondida (Bodega Canopy). La añada 2017 permitió comprobar la positiva evolución y la calidad sin fisuras de este tinto fresco, floral y elegante que permanece durante veinte meses en un fudre de 2.000 litros. Referencia a probar (31 euros) para entender la clase y la categoría que atesora Méntrida. 

El contraste en color y estructura lo ofrecía Finca La Verdosa Graciano 2022 (Arrayán). Un tinto con doce meses en roble francés, marcado por notas a canela y otras especias, que exhibe intensidad, equilibrio y acidez. Nace a partir de cepas reinjertadas -sobre el merlot de unos comienzos diferentes- con un clon de graciano destinado a zonas templadas. Un tinto sugerente y profundo y un claro candidato a formar parte de vinos plurivarietales. 

Otro hallazgo, a partir de una viña vieja recuperada, es Loco Garnacha Blanca 2022 (Canopy). Y casi increíble, la existencia de Blanca Sauvignon Blanc 2021 (Bodegas Alonso Cuesta). Ambos permiten comprobar lo bien que le sienta la madera a estos blancos con destacada acidez. Lo mismo que ocurre con Alonso Cuesta Rosado Fermentado en Barrica 2022, capaz de mantener una  buena carga frutal. Condes de Fuensalida Rosado 2023 vuelve a ofrecer lo que parece el estilo de la casa -un precio comedido (5 euros)- para un rosado joven y agradable. 

Fudres de roble francés y depósitos de hormigón en un vino de pueblo (El Real de San Vicente) con nombre cinematográfico, Las Uvas de la Ira 2022 (Vinícola Mentridana). Se trata, una vez más, de garnachas muy viejas procedentes de la Sierra de Gredos señaladas por su redondez. El otro vino de pueblo de esta cata, El Surco Valle del Alberche 2022 (Bodega A Pie de Tierra), nos habla de elaboraciones artesanales y de la enología de mínima intervención. La forma de comunicar, quizá de manera radical y sin interferencias, el aroma y el sabor de una tierra y de  un paisaje. Y sí, son garnachas y no son nuevas.