I. P. L.
Referencias a Raúl, a Ricardo y a Álvaro en la presentación de “El viticultor y la tierra” sin que fueran necesarias más precisiones. Nombres que no parecían necesitar apellido al ser parte de los recientes éxitos de una denominación de origen que se ha ganado un puesto entre los grandes. Y que ha dado un salto hacia la modernidad al clasificar sus vinos por algo muy distinto al tiempo que han pasado en una barrica. La categoría o la diferencia vienen marcadas por la villa, el paraje o la viña clasificada de la que proceden.
Contar esta historia y describir la singularidad del Bierzo era el difícil compromiso del documental dirigido por Alicia Van Assche recientemente estrenado. El intento -conseguido- de atrapar la verdad y el misterio de unos paisajes y mostrar su diversidad. Escenas que provocan envidia entre quienes contemplan la felicidad de los afortunados protagonistas mientras agitan una copa de vino rodeados de lugares mágicos.
Cumplidos los objetivos y exhibida desde el primer plano -con aires borgoñones- la calidad del trabajo cinematográfico, “El viticultor y la tierra” recorre de manera exhaustiva los pagos de esa zona. Recoge además una interminable sucesión de declaraciones -que no falte nadie- de miembros del consejo regulador, enólogos y bodegueros, críticos nacionales e internacionales. Confidencias, opiniones, revelaciones e imágenes que siguen acercando la belleza de esas villas y parajes atrapados en unas botellas que llevan ya su nombre en la etiqueta.
