El primer blanco español de Vega Sicilia fue castellano y andaluz antes de ser gallego

I. P. L 

Una inversión enorme, al igual que ahora. Solo que aquella primera vez -puede que con algún intento previo- el resultado no fue el apetecido. Todo empezó por una botella que había en la bodega. Era blanco, era Vega Sicilia y se había elaborado décadas atrás.

Saber que en esa finca de Valbuena de Duero hubo algo más que tintos, era una tentación. Y ante la duda, plantaron cuatro de las variedades que dan vida a muchos de los grandes vinos blancos del mundo: chardonnay, viognier, marsanne y roussanne. Las pruebas realizadas, que incluían además fermentaciones y crianzas en todo tipo de barricas y tonelerías, dictaminaron que era mejor arrancar las viñas y enterrar el proyecto. 

La siguiente parada, Jerez. Pablo Álvarez, consejero delegado del grupo Tempos Vega Sicilia, quiso comprar Maestro Sierra o asociarse con su propietaria. El rechazo les hizo poner la vista en el albariño y desplegar su consabido sistema de compra de viñedos. Empleados y personas de confianza van adquiriendo parcelas sin desvelar el destino final para evitar que suban (todavía más) de precio. Así ha nacido por fin, ocho años y unos cuantos millones después, una bodega en Rías Baixas llamada Deiva.
Foto: Vega Sicilia (TVS)