Jean-Claude Berrouet, exenólogo de Petrus y asesor de Vivaltus: “La tipicidad es una referencia dogmática”

IGNACIO PÉREZ LORENZ

“En algunas ocasiones hace falta ver el mundo al revés”. Lo dice por un detalle, la solución que ha encontrado su hijo, Jeff, dándole la vuelta a una copa, para apoyar el dispositivo que grabará esta entrevista. Una afirmación que hace dudar sobre si este hombre sabio, que fue durante décadas enólogo de Petrus, ha mirado siempre de otra manera. “Se puede amar la música o la pintura de una manera brutal, de una manera espontánea porque las amamos sin ningún espíritu analítico, sin ninguna referencia del clasicismo. Pero el conocimiento da siempre una percepción de eso que se mira, que se escucha o que se bebe un poco más inteligente. Porque hay referencias que el hombre de la cultura tiene que el profano no tiene”. 

La charla -lenta, pausada, precisa- nos lleva a saber qué ha encontrado en Vivaltus, el proyecto de la familia Yllera en Ribera del Duero al que él y Jeff asesoran. “Te voy a hacer reir porque en Vivaltus lo que he encontrado desde que llegué son los hombres, el terreno… En la vida, en el oficio del vino, un hombre solo no hace el vino, sobre todo si viene del exterior. Necesitas tener una relación, una conexión íntima y sincera con la tierra, compartir el mismo objetivo. Y ese ha sido, un poco, el triunfo de Vivaltus”.  

Sigue fiel, como cuando estaba en Petrus, a su forma de pensar y de intervenir en el proceso de elaboración del vino. O mejor dicho, de no intervenir. “Yo no hago nada. Estoy seguro de que es la naturaleza la que se expresa pero para conseguirlo es necesario un acto de humildad. Tener en cuenta la materia prima y dejar que se exprese. Porque la magia del vino está en que la copa relate una historia. La historia de un lugar, de una variedad, de un clima”.

Cuenta una anécdota que -verdad o leyenda- repiten en Francia. Una prueba y tres directores de orquesta que interpretan el mismo fragmento de música clásica. Solo el que es humilde, el que se queda un paso por detrás y respeta al compositor, alcanza el éxito. “Los vinos tienen identidad, tienen personalidad. Cuando los catas y pasas de uno a otro te proponen un viaje maravilloso en un mundo de diversidad pero con expresiones auténticas. Cada zona tiene su música, su gastronomía, sus acentos son diferentes… Eso quiere decir que uno escapa de la monotonía y es algo que resulta maravilloso. Yo quiero que con los vinos ocurra lo mismo, que cada uno exprese su personalidad”

Tras esta declaración de intenciones no le importa, aunque quizá no conozca el significado de la expresión, coger el toro por los cuernos. “La imagen del vino de la Ribera del Duero es la de un vino con potencia, cuerpo y estructura. Es normal, es la naturaleza quien lo quiere…Podría haber intentado hacer un tinto ligero del que hubieran dicho que no era Ribera del Duero pero no he sucumbido ante esa tentación. Vamos a hacer Ribera del Duero, vamos a escuchar a la naturaleza y vamos a abordarla con bastante más suavidad y ligereza. Intentaremos tener finura, distinción y elegancia. Tenemos derecho a hacer vinos elegantes en esa zona. La tipicidad es una referencia dogmática. Tenemos derecho a la diversidad. En Pomerol hay de todo. Ni los suelos ni los vinos se parecen”. 

Estamos en el Salón Gourmets donde acaba de reccoger el premio especial de la guía de vinos que edita ese grupo. Un alto más en el camino para este asesor enológico al que se le supone una actividad frenética. Le pregunto cuantos vinos firma y él, como ha hecho siempre, mira la cuestión de otra manera. “Ninguno. Vivaltus es el vino de Vivaltus, no el de Berrouet. Y lo mismo ocurre con Petrus. Existía antes de que existiera yo y estará cuando yo ya no esté. Es Petrus, es su personalidad la que continúa, es su materia prima la que continúa. No me interesa firmar  ningún vino, no quiero. El que está de paso en la Tierra soy yo y los que permanecen son los grandes terroirs”.

Vivaltus sabe a Vivaltus

Es el nombre de la bodega y del primero de sus vinos. El segundo, La Fleur Vivaltus, lleva escritas en su etiqueta las dos primeras palabras “de puño y letra” de Jean-Claude Berrouet, asesor de la bodega. Completan el equipo enológico Jeff Berrouet y Montxo Martínez. 

Son tintos de tempranillo, con una gota de merlot en esta añada, procedentes de viñas viejas plantadas en altura. Su crianza en roble francés no llega por poco a cumplir el año. La mayoría de las barricas son de segundo o tercer uso y una pequeña parte, nuevas. Entre un 5% y un 10 % del vino se cría en ánforas de terracota.

La limitada huella de la madera y una prudente extracción impulsan la suavidad de La Fleur Vivaltus 2019 (55 euros). Destaca por la pureza de su expresión aromática y por su equilibrio. Un delicado reflejo de la Ribera del Duero sin abandonar el carácter de esa tierra. 

Vivaltus 2019 (125 euros) saluda con especial alegría a la primera de las tres cosechas consecutivas de excepcional calidad en la DO Ribera del Duero. Es un tinto con mucha fruta (ciruela y otras) salpicada por tenues recuerdos a madera y a humo. Su profundidad, frescura y marcada personalidad -Vivaltus sabe a Vivaltus- lo convierten en una invitación a soñar con la llegada del 2020 y, sobre todo, del 2021.