Can Sumoi recupera una cooperativa diseñada por un discípulo de Gaudí

Combinaba funcionalidad y belleza arquitectónica con el uso innovador del ladrillo visto y las bóvedas catalanas. Cèsar Martinell, reconocido colaborador y discípulo de Gaudí, proyectó numerosas cooperativas vinícolas. Entre ellas la de Aiguamúrcia (Tarragona) que llevaba abandonada cuarenta años. 

Can Sumoi inicia ahora la restauración de este edificio singular situado muy cerca de sus viñedos. La reforma para incorporar maquinaria de vinificación respetará la fachada y la imagen exterior. Dicen sus nuevos responsables que recuperar es “despertar la memoria dormida de un lugar, devolverle el aliento, cuidarlo, escucharlo y ofrecerle una nueva vida sin borrar las huellas del pasado”.

El nuevo espacio dará continuidad al propósito fundacional del proyecto: “revivir viñas viejas, escuchar la historia que llevan dentro y devolver la voz a un territorio que había quedado en la sombra”. Será el nuevo hogar de unos vinos naturales basados en la mínima intervención, la agricultura ecológica y las levaduras autóctonas. Y de una bodega dedicada a proteger la biodiversidad y a colaborar con los viticultores locales.