IGNACIO PÉREZ LORENZ
Está casi a la sombra de un cenobio medieval. El lugar habitado tiempo atrás por monjes llegados de Francia que impulsaron decididamente la viticultura de la zona. Y que más tarde trasladaron allí una variedad procedente de tierras cercanas que se adaptó bien al frío y la altitud de la zona.
Ese monasterio, Santa María de Valbuena, cedió durante unas horas su impactante belleza a la celebración del 25.º aniversario de su vecino: Bodegas Lleiroso. Un salto de varios siglos para admirar la evolución de aquellos clones de tempranillo. Uvas que se protegieron del clima desarrollando un hollejo más grueso que regala vinos intensos y estructurados.
Así son ahora buena parte de los tintos de Ribera del Duero. Entre ellos, Lleiroso Edición Limitada 25 Aniversario 2018. Una demostración de complejidad (fruta negra, tabaco, moka, caramelo…) que se beneficia de su largo reposo en botella. Lleiroso Joan Miró Colección de Familia 2019, que comparte estilo y larga vida, muestra, tal vez, algo más de potencia.
Abrió cata y comida un reserva del 2021 que marcó diferencias. Quién sabe si por el perfil de la cosecha o porque se inclina hacia las últimas tendencias (fruta, frescura y fluidez). También es posible que anticipe el futuro de una bodega que ha incrementado su viñedo (45 ha), ampliado sus instalaciones y abrazado, o eso parece, el signo de los tiempos.

Las actuaciones del violinista Manuel Urios y la bailarina Caí Sesma acompañaron la presentación de cada uno de los vinos
