Castilla y León acaba de autorizarlas. El paso definitivo para un proyecto similar al que contemplan en otras comunidades. Viñas del Vero (DO Somontano) plantó hace ya once años un viñedo experimental y Albet i Noya (DO Penedès) tiene a la venta un blanco, La Volada, “elaborado con variedades de uva muy aromáticas”.
Ese eufemismo esconde a las pilzwiderstandsfähige, impronunciable nombre que en alemán significa resistente a los hongos. No es por tanto de extrañar que se hayan popularizado utilizando una especie de abreviatura: piwis. Son híbridos -variedades interespecíficas en el lenguaje oficial- obtenidos al cruzar a la Vitis vinifera con especies silvestres llegadas de otros continentes como la Vitis labrusca.
Su ventaja, que combinan la calidad de los vinos de la primera con la mayor resistencia a al mildiu y el oídio de la segunda. Y que, por tanto, permiten reducir el uso de productos fitosanitarios y el impacto ambiental. De los más de 160 piwis que existen, el ITACYL (Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León) ha puesto cuatro a disposición de sus viticultores: soreli, sauvignon rytos, cabernet eidos y merlot khorus.
Cada una de ellas tiene parte, respectivamente, de friulano, sauvignon blanc, cabernet sauvignon o merlot. Sus vinos se parecerán a los que se elaboran con sus progenitores franceses o italianos -todavía falta mucho para que tempranillos, mencías o verdejos sean padres de un piwi– pero no serán idénticos. Los parientes americanos o asiáticos y el portainjertos dejarán en todos ellos su huella.
Foto: Eric Prouzet (Unsplash)
