IGNACIO PÉREZ LORENZ
Estilizado, con escaso color y marcado nervio y brío. Así es Jardín de Valparaíso Rosado Ecológico 2024, un rosé muy distinto con intensas notas a bayas rojas y un punto de sobria seriedad aportado por el tempranillo ribereño. Renovadora propuesta que entra de lleno y con buen pie en la nueva etapa emprendida por esta bodega levantada en Quintana del Pidio (Burgos) hace veinticinco años.
La celebración incluía acercarse a un muy atractivo Jardín de Valparaíso Tinto Ecológico 2024 todavía en barrica. Seductora propuesta con prudente crianza, tonos especiados procedentes de la madera francesa, fruta, equilibrio y frescor. Tras esa impresión, el recorrido por las añadas más veteranas quedaba sentenciado antes de comenzar. El futuro, venturoso, se escribirá con el actualizado estilo de una enóloga, Emma Villajos, que llegó hace poco hasta esos pagos curtida en mil batallas.
Merecieron los mayores respetos vinos de guarda como Marqués de Valparaíso Reserva 1996. Sorprendente y positiva evolución la de otros tintos diseñados para consumir pronto, como los primeros robles y crianzas, y muy atractivas algunas de las añadas más recientes. Casi siempre, aquellas que están a punto de llegar o acaban de llegar al mercado y que se han beneficiado en mayor o menor medida de los cambios.
Especialmente destacado, Raíces de Valparaíso 2022, tinto de profunda capa con descaradas notas frutales y balsámicas. La confirmación de que solo las bodegas pueden vivir una segunda juventud sin renunciar a la experiencia de quien ha cumplido, como Bodegas Valparaíso, su primer cuarto de siglo. Sueño que contará con la aquiescencia de más de setenta hectáreas de viñedo que superarán muy pronto las tres décadas. El límite que abre la puerta, en Ribera del Duero, a crear grandeza.

