I. P. L.
El lema de la convocatoria, “El mayor riesgo es seguir haciendo lo mismo”, lo decía todo. Y a fe que cumplieron. Pifema, distribuidora madrileña que representa a un centenar de destacadas bodegas, reconocía de manera bien distinta a la habitual el trabajo de quienes mueven el mundo del vino. Música, luces y actuaciones en una discoteca. Y tres posibilidades -o varias de ellas a la vez- para disfrutar de la ocasión. Unirse al festejo, probar grandiosas elaboraciones o descubrir joyas todavía algo escondidas.
Esta última opción la ofrecía Viña Dammis (DO Rueda), con un muy buen verdejo sobre lías y otros dos, fermentados en barrica, que superan maravillosamente la prueba. Blancos nacidos de viñedos ecológicos entre los que destaca por su equilibrio Viña Dammis Selección Familiar 2024 (19 euros). La sorpresa era doble con Unzu, el proyecto de Julián Chivite en Navarra, al presentar, con la añada 2025, su más espectacular rosé. Intentaba eclipsarlo el blanco de chardonnay que sigue anclado en 2024 debido a que su lenta y positiva evolución parece no encontrar fin.
Entre los consagrados, la posibilidad de constatar la elegante presencia de los riberas del duero de Francisco Barona. Y unos metros más allá, las consolidadas marcas de Viña Sastre y Dehesa de los Canónigos. La ocasión permitía recorrer también, saltando a Rioja, los éxitos de Fernando Remírez de Ganuza. Entre los que se quedaron sin catar, una larga lista de nombres como Alvear, Ukan, Tomás Postigo, Hispano Suizas, Altanza, K5, Vivaltus o Marta Maté. La perfecta excusa para pedir prórroga, pausa de hidratación, repetición de las jugadas más interesantes y más oportunidades. A ser posible, tantas como a “El Platanito”.
