I. P. L.
Es por definición un vino mediterráneo. Y por nombre, el protagonista de una larga historia poblada por monjes díscolos, ángeles sedientos y paradas para redimir culpas en el camino hacia el cielo. El destierro temporal -en una tierra fría, calurosa y dura- para quienes tuvieran que hacerse perdonar sus pecados. Eso es Purgatori, una finca que perteneció a la Abadía de Montserrat y un vino de Familia Torres elaborado en la DO Costers del Segre que encuentra cierta facilidad para ser considerado algunos años el mejor tinto de Cataluña.
El giro sorprendente de este vino serio, ampuloso y fresco ha llegado con la salida al mercado de la décima añada. Momento que ha coincidido con la madurez de un proyecto, la recuperación de variedades ancestrales, iniciado por Miguel A. Torres cuatro décadas atrás. Gonfaus, vidueño prefiloxérico plantado en esa parte de la provincia de Lérida, ha demostrado su resistencia a la sequía y a las altas temperaturas. Una capacidad para enfrentarse al cambio climático que le ha permitido acompañar a la mayoritaria garnacha con una pequeña participación (15 %).
Su incorporación aporta al vino “más carácter, frescor y complejidad aromática, con notas especiadas y taninos maduros que contribuyen a su sedosidad y elegancia”. Familia Torres, que la localizó hace más de veinte años, ha descubierto que son cepas poco productivas y de ciclo largo, que maduran lentamente y dan origen a vinos de aromas intensos y complejos (frutas maduras sobre un fondo ligeramente especiado) con buena acidez y concentración.
Es además una de las pocas variedades femeninas conocidas actualmente -la mayoría son hermafroditas- y está probablemente vinculada a muchas otras. Un estudio realizado por el ampelógrafo francés Thierry Lacombe demuestra que la gonfaus es una vid antigua, madre de la querol -una de las primeras que recuperó Familia Torres- y tiene lazos de parentesco con la también ancestral pirene, la trobat o la graciano.
Fotos: SaraMatthew / Familia Torres

