Dominio D’Echauz, una finca de cerca de ochocientas hectáreas de las que 130 están dedicadas al viñedo, conserva, custodia y estudia la mayor colección de biotipos de vid del mundo. Su objetivo es demostrar que la conservación del patrimonio genético adaptado a cada zona es crucial para obtener tipicidad en los vinos. Este museo al aire libre, situado en la Ribera del Duero soriana e impulsado por Vitis Navarra, cuenta con más de 16.000 biotipos y podría llegar pronto a los 20.000 gracias a los continuos trabajos de prospección.
Es una especie de arca de Noé que recopila clones, selecciones masales y variedades recuperadas en Rioja, Ribera del Duero, Priorat, Penedés, Navarra, Cariñena, Monterrei, Marco de Jerez o Sierra de Gredos, entre otras zonas. Esa actividad permite a Dominio D’Echauz elaborar vinos con su nombre y también como parte de la Colección Basajaun dedicada a pequeñas vinificaciones.
“Tras milenios aplicando reproducción asexual sin generarse por tanto hibridación, las vides se adaptan al clima y al territorio por mutación con pequeños cambios en el ADN. La radiación ultravioleta y el estrés hacen que se desarrollen una serie de caracteres externos que se transmiten a cada nueva planta. Cuando estas variaciones alcanzan un cambio morfológico y genético reseñable se habla de un biotipo, el conjunto de plantas que comparten un genotipo, es decir, un conjunto de características genéticas” explica Rafa García, responsable del proyecto.
