I. P. L.
Se ha ido Benjamín Romeo. Atrás queda esa llamarada que encendió a Rioja con La Cueva de Contador primero y con Contador unos años después. Tinto con el que llegarían los cien puntos Parker (por dos veces) poco antes de inaugurar su nueva bodega. Una apuesta por la grandeza que completó con vinos más asequibles bautizados con sonoras y simpáticas marcas.
En esa categoría podría incluirse Predicador. Dos versiones, en blanco y tinto, que rinden homenaje a una de sus películas preferidas, El jinete pálido, interpretada por Clint Eastwood. Su personaje -Predicador- y el aspecto de su sombrero vuelven, edición tras edición, a la etiqueta.
Otro hallazgo, provocado, vino de la mano de un blanco que iba a llamarse El Contador de Gallocanta. Una enorme bodega estadounidense, E. & J. Gallo Winery, amenazó con empapelarlo por el parecido de la marca comercial. Así nació, en recuerdo de aquel gallo que no puedo ser, su nueva etiqueta: Qué bonito cacareaba. Una prueba del humor y del talante que marcó la vida de este creador.
Foto: Bodegas Contador
