Salón de Vinos Radicales: Be Ranci, sé radical (I)

IGNACIO PÉREZ LORENZ

Se ha consagrado en tan solo once ediciones. Y lo ha hecho de la mano de una feria francesa invitada y de una amplia oferta procedente de todos los rincones de España. Por fin ser radical se ha convertido en la apuesta preferida de un buen número de creadores y de no pocos aficionados. 

Como arranque una cata de ocho elaboraciones habituales en Be Ranci, cita bienal de los rancios secos en Perpignan. Vinos marcados por la oxidación que llegan a alcanzar la categoría de obras de arte. Consideración que merecía sobradamente Niño Perdido – Madre Nº 4 Casa Jaimico. Su último autor, La Calandria – Pura Garnacha. 

Los responsables de esta firma navarra se dedican, cual arqueólogos, a bucear entre rancios desaparecidos. A veces solo queda una concentrada pomada que ha sobrevivido al paso del tiempo recreando ese carácter. Su labor se centra en rejuvenecerla añadiendo poco a poco otros vinos más jóvenes del mismo estilo. Así lo han hecho en la cuarta aparición de estos niños perdidos que permanecía arrumbada en un taller de Sallent de Gallego (Huesca). 

Apenas un centenar de botellas pequeñas que recuperan la forma de entender los vinos reservados para las grandes ocasiones en el Pirineo aragonés. Garnachas sobremaduras de Almonacid de la Sierra (Zaragoza) utilizadas para reponer -en enero y en cuarto menguante- el consumo anual. Una tradición casi perdida que ahora nos acerca a sabores y aromas de otros siglos marcados, para general sorpresa, por una enorme calidad.