IGNACIO PÉREZ LORENZ
El tiempo se ha impuesto, las bodegas ponen a la venta añadas antiguas y el salón que las acoge (blancos con más de diez años y tintos con más de veinte) ha subido de categoría en tan solo tres ediciones. En él plantó sus reales Recaredo aportando la serenidad y distinción del espumoso creado en homenaje a su fundador, Josep Mata Capellades 2004. Y Ferrer Wines apostó por un cava elegante, fresco y alegre con tan solo doce años: Can Sala 2013.
Ossian, que llevó cosechas como 2011 o 2014, defendía la profundidad inimaginada de los blancos de Rueda. Gigi 2013, de Jean Leon, cumplía sobradamente con lo que se espera de un gran chardonnay mientras que un riesling, Waltraud 2012 (Familia Torres), sorprendía por su inesperada fuerza. Con un salto atrás en el tiempo La Rioja Alta, S.A. recordó cómo era Viña Arana antes de pasar a gran reserva. El 2005 -con un poco de mazuelo y contraetiqueta de reserva- conservaba color, vivacidad, fruta madura y notas a madera y especias.
Ramón Bilbao Gran Reserva 1996 resumía los aromas, la suavidad y la fluidez que alcanzan algunos riojas. Y con veinte años, certificados por las siglas VOS, un serio y apetecible oloroso, Don Gonzalo (Valdespino), invitaba a meditar. Al igual que las botellas de casas como Osborne, Riscal, Hacienda Monasterio, Abadía Retuerta, Áster, Condado de Haza, Marqués de Cáceres, Mauro, Montecillo o Conde de los Andes que terminaban de consagrar de manera tan rápida a esta cita.
