Art Laietà: cavas que roban el protagonismo al nombre

IGNACIO PÉREZ LORENZ

Vinos cargados de frescor, con la expresión pura del brut nature y con la delicada espuma que producen las largas crianzas. Así, una y otra vez, con añadas todavía en plena juventud como Mirgin Reserva 2021, con 43 meses en rima. Finura e intensidad aromática destacaban en Laietà Gran Reserva 2020 y la complejidad descubría a dos cavas de paraje calificado con discretos y elegantes tonos a madera: Opus 2020 y Exeo 2019. 

La larga lista de vinos a catar incluía algunos con todavía más  larga crianza, otros que envejecen en huevos de hormigón, un vino naranja, un tinto y un gran vino dulce, Dolç Mataró 2022. Cada uno de ellos, acompañado por un imaginario salto en el tiempo y comparado con el vino base de este año, la magnífica cosecha del 2025. 

No era pues de extrañar una lucha por el protagonismo entre las elaboraciones y sus autores. Una familia, Pujol-Busquets, que apostó tiempo atrás por la viticultura ecológica, elaboró hace veinte años el primer cava sin sulfitos y siguió por ese camino abrazando la categoría de elaborador integral. Y que ahora anuncia una nueva identidad, lo que se traduce en otro nombre y otros símbolos. 

En el origen de esa decisión de quien hasta hoy se ha llamado Alta Alella está el dejar de coincidir en el apellido con la DO Alella. Así que bienvenidos los sucesores de los layetanos, cultivadores y guardianes, en tiempos prerromanos, de aquellos lares hoy regidos por otra firma: Art Laietà.
Foto 1: Mireia y Josep Maria Pujol-Busquets (Jordi Gatell)
Foto 2: presentación en Madrid