IGNACIO PÉREZ LORENZ
Lo convoca el Sindicato del Gusto, una asociación de profesionales que dice luchar contra “la dictadura de la juventud a la que ha estado sometido el mundo del vino”. Está reservado a blancos con más de diez años y a tintos con más de veinte. Y ha celebrado su segunda edición (en Madrid) permitiendo poner a prueba el trabajo de las bodegas y la afirmación de que la última fase de la grandeza es no solo resistir sino crecerse ante el paso del tiempo.
La sorpresa fue que la mayor parte de los sesenta vinos presentes habían superado el desafío de ese juez impasible. Algunos hasta presumieron, merecidamente, de algo parecido a la eterna juventud. Entre ellos, un clásico de la historia del vino de este país, Barón de Chirel 1994 de Marqués de Riscal. Más de veinticinco años después de haber protagonizado junto a otras grandes marcas la revolución que vivió Rioja a finales de los noventa se sigue mostrando casi tan expresivo y firme como cuando llegó al mercado.
La Rioja Alta SA exhibía su poder de manera creciente con tres marcas. Dos cosechas de Viña Arana, 1996 y 2001, muy distintas -más maduro el primero e impecable el segundo- eran la señal de salida para un recorrido enormemente instructivo. El 1997 del Gran Reserva 904 remarcaba su profundidad mientras que el 2001 destacaba por redondez y elegancia. La última y promisoria parada, en el Gran Reserva 890. Maduro y muy elegante el 1995; más fresco y vivaz el 2001, la tercera comparecencia de esa cosecha con un tinto que se acercaba a la perfección.
Otra demostración de solvencia la ofrecía Familia Torres con algunos ejemplos de su Colección Privada, añadas antiguas de sus más prestigiosas marcas que cada año pone a la venta en pequeñas cantidades. Exquisita paleta aromática (jazmín, membrillo, especias) destacado frescor y un fondo mineral confirman la categoría de su riesling, Waltraud 2012. También destacaba por su frescor Mas La Plana 2006, un cabernet procedente de cepas viejas que debe a sus suelos buena parte de la grandeza.
Los cavas de Mestres alcanzaban el más alto nivel con Clos Damiana 2009, un excepcional brut nature de larga crianza y un ligero paso por madera que a sus quince años sigue siendo muy joven. Apostar por la longevidad de los blancos de la DO Rueda era el reto que se había impuesto la bodega Hermanos Lurton con su Cuesta de Oro. Lo conseguían bien dos de las añadas que presentó y sobradamente las dos más recientes y equilibradas, 2012 y 2014. También lenta evolución en un estilo igualmente interesante pero muy distinto -amplio, serio, con curiosos tonos tostados y muy buena acidez- se podía encontrar en Martínez Lacuesta Blanco Gran Reserva 2014.
