IGNACIO PÉREZ LORENZ
Fue el final feliz de un proyecto llamado Re·Vi·Val. Eran tiempos en que los vinos de Valdeorras se vendían a granel y cantaban las virtudes de la alicante bouschet o de la palomino. La recuperación de su gran variedad casi perdida, la godello, inspiró a Horacio Fernández y José Luis Bartolomé esa primera aventura y más tarde una bodega que ahora cumple cuarenta años.
Hoy Godeval puede presumir de que todos sus vinos mantienen un perfil común. Mineralidad y apuntes salinos -en mayor o menor medida- intensos aromas, notas a fruta blanca y carácter atlántico. Las más viejas parcelas y las mejores orientaciones permiten crear marcas que brillan todavía más con los reflejos de ese vidueño mágico.
Y siempre o casi siempre, el anuncio de su sorprendente longevidad. Un claro ejemplo es Re·Vi·Val 2023, posiblemente la más cuidada de sus elaboraciones. Un blanco que reparte su alma entre potencia y elegancia y su presencia entre frescura, delicadeza y sensación de volumen. Y que pide más tiempo en botella para seguir creciendo.
Su belleza se enfrenta a la de un difícil competidor, Godeval 2013, que se mantiene increíblemente entero. Joya envuelta en su vibrante acidez y destinada a establecer marcas de supervivencia entre vinos nacidos tiempo atrás y a partir de técnicas menos sofisticadas que las actuales.
Entre las añadas más jóvenes, un Godeval 2025 perfectamente definido. Le acompañan Cepas Vellas 2024, con señalada crianza sobre lías, y Godeval 1986, también de 2024, fermentado en barrica y criado igualmente en contacto con sus levaduras. La confirmación de que a pesar de sus notas a frutas exóticas y su mayor amplitud comparten acusado frescor, prestancia y esa inconfundible esencia de godello que los hace todavía más grandes.

