I. P. L.
Una cita anual que promete convertirse en ineludible. El mejor ambiente del sur de Florida, en palabras de la alcaldesa de Miami. Y, por si fuera poco, con una fórmula -los titulares de las casetas son grupos de amigos- que refuerza su “carácter auténtico y participativo”. Todo eso lo ha conseguido la Feria de Sevilla de Miami en tan solo siete ediciones. Aunque ésta, la séptima, no ha sido una más.
El hecho diferencial no ha estado en la música (flamenca y con grupos llegados de España), ni en los trajes, casetas o farolillos. Las palmas, como dejan traslucir las fotografías, suenan a compás, las flores lucen sobre las cabezas de las mujeres y los mantones cuelgan de hombros y paredes. Y hasta la luz, esa luz inconfundible que ilumina la Feria de Abril, tiene algún lejano parecido con la de Sevilla.
Ha sido la forma de combatir el calor y la sed, de animar la fiesta y de rendir homenaje a las botellas nacidas en el sur (de España) lo que ha cambiado en esta ocasión. Recorrer las calles del recinto ferial buscando manzanilla Solear era ya posible y por ende preparar un rebujito con todos o casi todos sus sacramentos. Motivo suficiente para apuntarse, el que pueda, a la octava, la novena y a alguna o algunas otras ediciones más.

