I. P. L.
Hace mucho que aquel exquisito salón de té situado entre la madrileña calle Ayala y el paseo de la Castellana cambió de empresa y de estilo. Ya solo quedaban unos cuantos establecimientos acogidos al mismo nombre, Embassy, repartidos por la ciudad. Un cierre anunciado meses atrás como provisional, parece que se convierte ahora en definitivo.
Pasa así a mejor vida un pequeño y algo angustioso sótano que ha servido, a lo largo de su historia, para casi todo tipo de actividades (una cata de Château Angélus incluida). Y que algunos recordarán siempre por las muchas vidas que permitió salvar. Allí se escondían -parada fundamental en su larga huida- numerosos refugiados, casi siempre judios, que buscaban abandonar Europa durante la segunda guerra mundial.
Gibraltar, en una operación coordinada por los servicios secretos británicos, era en algunos casos su siguiente destino. En otros, gracias a la ayuda de un médico español, eran dirigidos hacia Galicia para desde allí saltar a Portugal. Es fácil adivinar sus miedos, sufrimientos y gritos silenciosos hasta que por fin se sentían seguros. El horror de los niños, los ancianos y los más desvalidos quedó marcado para siempre en esas paredes y en esas rutas que serán siempre verdadero patrimonio de la humanidad.
Foto: Malopez 21 (Wikimedia Commons)
