Junio se proclamó el mes más cálido y seco desde 1961 en la DO Binissalem con olas de calor tempranas que se extendieron hasta julio. Marzo resultó muy cálido y especialmente húmedo en las islas (220 % de precipitaciones respecto a lo habitual). Abril, muy seco, registró temperaturas elevadas mientras que mayo fue cálido y húmedo.
Estas condiciones favorecieron la aparición de mildiu en algunos viñedos aunque a partir de la tercera semana de julio se produjo un cambio. El descenso de las temperaturas alivió el estrés hídrico y ralentizó la maduración del fruto. Las temperaturas alcanzan ahora valores normales alejados de los registros extremos de buena parte de la Península.
Cambio climático y adaptación
El impacto del cambio climático es evidente, señalan en una nota de prensa. Binissalem ha registrado un aumento del 11 % en los grados-día (suma de las temperaturas medias diarias por encima de 10 °C) acumulados entre 2013 y 2024. Además, el número de días con temperaturas máximas superiores a 35 ºC ha pasado de 9 a 30 y el de mínimas por encima de 20 ºC, de 20 a 40. Esta situación dificulta la capacidad de recuperación de las plantas durante la noche e influye en la composición química del fruto.
El inicio de la vendimia se ha adelantado en unos ocho días en comparación con 2019. Los viticultores aplican ya medidas como el sombreado de viñedos, los aclareos y las vendimias tempranas además de apostar por variedades locales con mayor capacidad de adaptación. Entre otras, escursac, recientemente autorizada, y quizá pronto giró negre, fogoneu y esperó de gall.
Foto: racimo de la variedad local giro ros (M. Torres/DO Binissalem)
