Salón de Vinos Radicales, otra vez un año de espera

Una feria relativamente tranquila, unos vinos profundamente distintos y, proporcionalmente, una enorme cantidad de joyas más o menos escondidas. Eso oculta, y a la vez enseña, el Salón de Vinos Radicales que en su sexta edición ha reunido en Madrid a 34 bodegas de casi todos los rincones de la Península. Enólogos y bodegueros que juegan sus cartas en favor de las elaboraciones ecológicas, orgánicas o naturales y, con frecuencia, de las parcelas y variedades recuperadas.

Entre ellas, la casi desconocida parrona que ha permitido a Tierra Savia conseguir en la Sierra Norte de Sevilla un interesante espumoso sin licor de expedición, Piu Ancestral 2018, con finas burbujas, recuerdos a galleta tostada y cierto dulzor. Unos pocos pasos más allá Casa Agrícola, creación del veterano Pepe Mendoza, ofrece un recorrido por su saber hacer, su constante apuesta por el frescor y su pasión por la menor intervención posible. Una amplia gama de la que probablemente sea buen resumen, Pureza 2017, moscatel fermentado en tinajas que desgrana sutiles notas a jazmín, pétalos de rosa y frutas con hueso.

Presentes, algunos clásicos en sus respectivas denominaciones como los cavas ecológicos de Alta Alella que con su interesante evolución permitían comparar añadas actuales con otras anteriores. Además, los albariños de ATTIS, numerosas y cuidadas elaboraciones que comparten la búsqueda de un serio nivel de calidad. Y verdejos de la familia Vidal Soblechero (Pagos de Villavendimia) que representan una forma de hacer y de entender la DO Rueda, sus variedades y el cuidado de sus viejas cepas prácticamente desaparecida. Probar La Oxidativa, un antiquísimo blanco parcialmente criado en damajuanas, equivale a un salto en el tiempo que invita a dejar escapar un suspiro por la casi irreparable pérdida de sabores que parecían eternos. 

Las damajuanas, combinadas con barricas grandes y tinajas, se utilizan igualmente en la crianza de El Lagar de Isilla Albillo. Viejas viñas que permiten lograr un blanco floral, frutal, fresco, complejo y muy intenso. Entre los tintos de esta bodega, un impresionante Paraje Peñalobos 2016 que toma su nombre de una cima expuesta a los vientos que hace posible la viticultura más natural. Sus cepas centenarias, plantadas con tempranillo y un pequeño porcentaje de otras variedades, dan vida a un vino que se ha enfrentado sin inmutarse a una crianza de 18 meses en barricas nuevas. Y que ofrece profundidad, finura y elegancia envuelta en sugerentes recuerdos a fruta negra, regaliz, cacao y trufa. 

Otro tinto de enorme nivel es Edetària Selecció, primer vino de finca de la DO Terra Alta, que combina garnacha fina, garnacha peluda y cariñena. La añada 2016, con llamativos aromas a fruta roja, especias y tabaco, destaca por su carácter, equilibrio y amabilidad. 

Con todos ellos, dos interesantes aportaciones. Una, que el país invitado, Georgia -considerado la cuna del vino- ofreció una cata de sus vinos naranjas, aquellos producidos por la fermentación de uvas blancas en contacto con sus pieles. Y la otra, que presumir de calidad también lo hicieron el jamón ibérico Carrasco, las anguilas del Delta del Ebro Roset, las conservas vegetales navarras Adolfo Sádaba y (last but not least) los panes de Levadura Madre.

El único lamento, la cantidad de interesantes propuestas que quedaron sin probar. Y que obligan a esperar todo un año para volver a encontrarlas reunidas en el mismo lugar. 

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