Billecart-Salmon: 200 años no es nada

Siete generaciones y dos siglos de vida bien merecen un homenaje. No es poco para una familia permanecer unida durante todo ese tiempo y creando además algunos de los más grandes champanes. En realidad habían pasado ya 201 años, un detalle menor, cuando Cuvée 3000, su importadora y distribuidora, reunió en una  mesa a los representantes de seis bodegas que firman buena parte de  los más selectos y originales vinos espumosos de la Península. Su misión, presentar cada una de las elaboraciones que unos cuantos profesionales tuvieron el placer de catar.

Paco de la Rosa TorellóPere Llopart, Ton Mata, de Recaredo, Xavier Gramona, Pepe Raventós y Carlos López de Lacalle de Artadi e Izar-Leku se enfrentaron al compromiso de explicarle a Antoine Billecart qué sensaciones transmitían sus vinos. Unas botellas que llevan el inconfundible sello de la casa en dosages prudentes, marcado frescor y una variada expresión aromática que tiene puntos en común: la finura y delicadeza de una combinación de tonos florales, cítricos y frutales junto a recuerdos a levadura, pan y pastelería.

A partir de allí un desfile de elegancia precedido por un delicado champán, el Blanc de Blancs Grand Cru, seguido de un vino serio, equilibrado, cremoso y con discretos toques de mantequilla y brioche, el Brut Reserve. Ese camino hacia una mayor solemnidad se afianza con la ajustada y ejemplar crianza en madera -pocas veces tan bien integrada- del Brut Sous Bois.

El más radical, Vintage 2007, exhibe frescor, ausencia de azúcares añadidos, finísima burbuja, presencia de frutas escarchadas y tonos a flores secas. A base de pinot noir y chardonnay, los vinos más destacados y longevos como el sabroso, intenso y muy personal Nicolas François Billecart 2002. Muy distinto a la estimulante vivacidad del Brut Rosé. El alegre cierre de una demostración -doscientos años no es nada- de saber hacer, estar y permanecer.

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