Marimar Estate, viñedos (y vinos) ejemplares

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Marimar Estate, viñedos (y vinos) ejemplares
MARIMAR ESTATE BOTELLAS

Una demostración de personalidad y carácter transmitida a sus vinos. Así es Marimar Torres y así son sus blancos y tintos de inspiración inicialmente francesa y ahora también española. La expresión, bajo el sol, la lluvia y el frío de California de vidueños como chardonnay y pinot noir a los que se han unido, en los últimos años, albariño, tempranillo y godello. Y también algunas de las variedades ancestrales recuperadas por Familia Torres como las tintas gonfaus y moneu.

La presencia de esta mujer y esta bodega en Salón Gourmets ha sido una estimulante demostración de amor por el vino y una apasionada defensa de dos viñedos dedicados a sus padres. Comenzó a plantarlos hace más de tres décadas y los cultiva bajo la legislación para la certificación orgánica más exigente del mundo. La pequeña diferencia en la distancia que separa a uno y otro del Pacífico hace que el más alejado, Don Miguel, ofrezca uvas más maduras y el más próximo, Doña Margarita, más atlánticas (si es que eso pudiera decirse). Se nota, y mucho, en tintos como Mas Cavalls, en esta ocasión de 2014, que derrocha intensidad, longitud y equilibrio. Un monovarietal de pinot noir fresco, esbelto y elegante que tiene bastante más de europeo que de americano. El preferido de la autora de sus días, Marimar, y de cualquiera que lo pruebe.

Junto a él otros dos tintos, también del 2014, a partir de la misma cepa borgoñona pero plantada en Don Miguel: La Masía y Cristina. El segundo, una selección de las mejores barricas (y clones) del primero. Ambos conservan todavía apuntes florales y muestran capas de fruta en sazón, recuerdos especiados, cierta opulencia y una equilibrada sensación de plenitud.

Los tres blancos catados proceden también de Don Miguel. Entre ellos sorprende, por nombre y expresión, Acero 2017. Un chardonnay que no ha conocido barrica pero que exhibe como todos, la finura y sorprendente redondez que le otorga la completa fermentación maloláctica. Algo que no le impide contar con suficiente tensión y una descarada intensidad aromática digna de elogio. Le precedió en la presentación un curioso albariño, nacido a  9.000 kilómetros de Galicia, que suma a la influencia de la variedad la del suelo y el clima. Exactamente lo mismo que le ocurre al chardonnay fermentado en barrica La Masía 2017. Un blanco intenso, floral, frutal, cítrico, con notas a suaves maderas y delicados recuerdos a mantequilla que es necesario disfrutar con tiempo y calma para revivir tantas y tantas cosas como ofrecen estos viñedos (y vinos) ejemplares.

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