La Carbonera: Torres en Rioja Alavesa

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La Carbonera: Torres en Rioja Alavesa
181016_Finca La Carbonera_Recreación de prensa en lagar

La historia conoció a este territorio como la Sonsierra de Navarra. Hoy la ladera que, protegida de lluvias, nieblas y vientos, se extiende hacia el Ebro desde Sierra Cantabria tiene una parte en la Rioja Alta y el resto da forma a la Rioja Alavesa. Allí en el término municipal de Labastida la familia Torres acaba de inaugurar una (pero no una más) de sus bodegas.

Hace ya algo más de una década que llegaron a esa denominación de origen calificada. Años que han servido para situar en los mercados la marca Ibéricos y sobre todo para hacerse con la propiedad o el control de más de una veintena de viñedos viejos en esa zona privilegiada sobre la que convergen las miradas de inversores de todo el mundo.

Una de las fincas, con diez hectáreas del mejor tempranillo, La Carbonera, da nombre al proyecto. Las Pisadas, que hace referencia a los lagares rupestres que conserva -puestos en funcionamiento excepcionalmente para la ocasión-, es el primero de los nuevos vinos. Una elaboración  que aplica la experiencia acumulada para dar un salto hacia planteamientos más avanzados o más actuales. Esas frases tantas veces escuchadas elogiando la fruta y el frescor son en este caso una maravillosa realidad.

Es posible que para alcanzar ese nivel los enólogos de la casa, Julio Carreter y Xavier Rubires, hayan tenido que asumir riesgos y abrazar en mayor o menor medida la heterodoxia. La Pisadas 2015 (12 euros) nace renunciando a la etiqueta de crianza al limitar a diez meses su estancia en madera. Y además en barricas de diversas capacidades y no solo de 225 litros. Un formato nacido para domar el cabernet y el merlot de Burdeos que no siempre es el más adecuado para arropar la elegancia y sutileza de los tempranillos alaveses.

El dominio del arte del coupage ha terminado de dar forma a este tinto. La participación mayoritaria de uvas procedentes de las zonas más elevadas ha eliminado la influencia de una añada cálida. Nace así un  vino cargado de juventud, color y fruta (rojas y también negras), acompañado de una sucesión de matices (frutos secos, especias…) y perfilado por su interesante acidez. Intenso, profundo y suave, tras doce meses de reposo en botella, es capaz de conjugar numerosas virtudes no necesariamente contrapuestas: vale más de lo que cuesta, invita a disfrutarlo en todo momento y anuncia una positiva evolución y un enorme futuro.

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